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25 marzo 2026
Municipal - Zaragoza

El legado de Ángel Sanz Briz en Zaragoza, ejemplo de humanidad frente al horror nazi

 

Homenaje al Ángel de Budapest. Foto: Diego Sanz
Homenaje al Ángel de Budapest. Foto: Diego Sanz
El Ayuntamiento de Zaragoza ha vuelto a rendir homenaje a las miles de víctimas del Holocausto en un acto de recuerdo celebrado en el Cementerio de Torrero. La conmemoración ha tenido este año un doble significado: el tradicional tributo al diplomático zaragozano Ángel Sanz Briz, que salvó más de 5.000 vidas en Budapest durante la ocupación nazi de Hungría, y el 81 aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, en 1945.

El acto ha estado encabezado por la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, y ha contado con la presencia de la hija del diplomático aragonés, Ángela Sanz-Briz Quijano, así como de representantes de los grupos municipales, la Asociación Justos de las Naciones y colectivos perseguidos por el régimen nazi. Como es tradición, se ha llevado a cabo la plantación de un árbol y una ofrenda floral en el espacio del camposanto dedicado a la memoria de Sanz Briz.

La conmemoración ha comenzado con un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del accidente ferroviario de Ademuz, seguido de las palabras de la alcaldesa, un responso católico y una oración judía. Natalia Chueca ha subrayado que este homenaje sirve para “renovar un compromiso que no admite fatiga: mantener viva la voz de las víctimas como dique frente al totalitarismo, el racismo y los genocidios”, recordando que más de seis millones de personas fueron asesinadas, entre ellas miles de españoles.

En su intervención, la alcaldesa ha puesto en valor la figura de Ángel Sanz Briz, nacido en Zaragoza en 1910 y reconocido como “Justo entre las Naciones”, destacando su “altura moral” y su valentía al actuar cuando “lo fácil era mirar a otro lado”. El llamado “Ángel de Budapest” arriesgó su carrera diplomática al expedir pasaportes españoles para salvar a miles de judíos, un legado de humanidad que Zaragoza recuerda cada año como ejemplo frente al fanatismo y la deshumanización.