La evolución del enclave ha disparado la preocupación entre los vecinos, que denuncian la falta de una solución tras años de avisos a las administraciones.
Los residentes aseguran que el asentamiento ha ido creciendo progresivamente desde 2020, cuando llegó la primera caravana. Con el paso del tiempo, afirman, se fueron incorporando familiares y nuevas personas hasta conformar un núcleo en el que también viven menores de edad, en unas condiciones que califican de insalubres.
A ello se han sumado nuevas estructuras construidas con materiales de fortuna e incluso placas solares que permiten a algunos ocupantes permanecer de forma continuada en la parcela. Según recuerdan, hace más de dos años el área de Urbanismo explicó a Aragón Digital que, al tratarse de un solar privado, tanto la limpieza como un eventual desalojo correspondÃan a los propietarios del terreno.
VECINOS DENUNCIAN QUE HA AUMENTADO LA SENSACIÓN DE INSEGURIDAD
La Asociación Vecinal Larrinaga-MontemolÃn sostiene que el problema se arrastra desde hace años sin que se haya dado una respuesta definitiva. Según manifiestan, trasladaron la situación hace tres años a una comisión de Urbanismo del distrito de San José y, aunque posteriormente intervinieron los servicios sociales, no se adoptaron medidas que evitaran la consolidación del asentamiento.
Asimismo, aseguran haber comunicado en varias ocasiones a la PolicÃa Local la degradación del entorno y el aumento de la sensación de inseguridad, sin que la situación haya cambiado.
Los vecinos describen un deterioro creciente del solar, especialmente durante los fines de semana, cuando, según relatan, decenas de personas acuden a la parcela para reunirse y jugar, lo que se traduce en una mayor acumulación de residuos.
"Me parece indignante que, después de tantas quejas al Ayuntamiento, no se haya puesto solución a este asentamiento junto al PrÃncipe Felipe", lamenta una residente. Otra vecina añade: "En pleno verano, y con una zona tan seca, hacen fuego. Luego nos preguntamos por qué hay incendios".
Otros testimonios reflejan también la inquietud por el crecimiento del asentamiento, el uso de los contenedores para depositar enseres -lo que, según denuncian, impide que "los demás podamos tirar nuestras bolsas"-, la proximidad de las chabolas a la parada de autobús y el continuo trasiego de personas y el intercambio de objetos en la parcela. Circunstancias que, aseguran, han incrementado la sensación de inseguridad entre los residentes.
Todo ello ocurre en una zona que, pese a la transformación urbanÃstica impulsada por el desarrollo del Plan de Vivienda, continúa, a dÃa de hoy, sin una solución para este problema. Una realidad que contrasta con la promoción de nuevas viviendas en el entorno, cuyos precios de venta superan los 350.000 euros.