El consejero de Urbanismo, Infraestructuras, EnergÃa y Vivienda, VÃctor Serrano, ha explicado que el proyecto contempla tanto el suministro de energÃa renovable al Ayuntamiento como la cesión de las cubiertas de los colegios para que la empresa adjudicataria instale, mantenga y explote las plantas fotovoltaicas durante el periodo del contrato. El Consistorio será el principal consumidor de la electricidad generada, garantizando el abastecimiento de estos centros educativos, cuya factura energética asume el propio Ayuntamiento, aunque los edificios sean de titularidad autonómica.
La iniciativa incorpora un sistema de autoconsumo colectivo que permitirá que la energÃa producida no solo abastezca a instalaciones municipales. También podrán conectarse a esta red hogares y comercios situados a menos de cinco kilómetros de las instalaciones, abriendo la puerta a que los vecinos puedan beneficiarse de la electricidad generada en los tejados de sus barrios. Según los cálculos municipales, el Ayuntamiento consumirá al menos 4,27 GWh de energÃa renovable al año, lo que evitará la emisión de 1.069 toneladas de CO₂ anuales, una reducción equivalente a plantar unos 53.400 árboles adultos.
El contrato fija un precio máximo de 0,10 euros por kilovatio hora para la energÃa adquirida por el Ayuntamiento y divide el proyecto en tres lotes territoriales para agilizar la ejecución y favorecer la concurrencia de empresas. En total se instalarán 9.651 placas solares repartidas entre colegios del sur, norte, este y centro de Zaragoza. La empresa adjudicataria dispondrá de un año para redactar los proyectos, obtener los permisos y ejecutar las obras, tras lo cual comenzará el periodo de explotación de 15 años.
Uno de los aspectos más destacados del modelo es que, una vez finalice la concesión, todas las instalaciones fotovoltaicas pasarán a ser propiedad del Ayuntamiento de Zaragoza sin coste adicional. De esta forma, el Consistorio conservará un patrimonio energético propio que seguirá generando electricidad limpia durante el resto de la vida útil de las placas, consolidando un modelo de ciudad más eficiente, sostenible y con menor dependencia energética.