¿Y qué veremos este 2026? María José Gutiérrez, coleccionista, experta en mantones antiguos con 15 años de trayectoria, tiene bastante clara su apuesta. "Yo me inclinaría a que este año la gente se va a decantar por mantones ligeritos, mantones isabelinos, imperio y especialmente el mantón de gros", explica.
Aunque mantiene su actividad en su tienda Tradición, ubicada en Toledo, Gutiérrez conoce bien cómo evolucionan estas preferencias entre la sociedad aragonesa: "Te diría que el 90% de las ventas llegan de Aragón. Vienen adrede a comprar aquí. Ya no es que me esperen durante todo el año a la exposición que hacemos siempre en otoño en Zaragoza, sino que vienen de todas partes de la Comunidad a la tienda a comprar los mantones". En su establecimiento, reúne alrededor de 300 mantones fechados entre 1810 y 1920 de distintos estilos y dibujos.
EL MANTÓN DE GROS GANA TERRENO PARA ESTE PILAR
Entre todos ellos, hay un nombre que Gutiérrez escucha cada vez con mayor frecuencia: el mantón de gros. Se trata de una pieza de seda que destaca por su ligereza y de la que pueden encontrarse ejemplares muy antiguos, algunos incluso de finales del siglo XVIII.
Precisamente esa versatilidad es uno de sus atractivos. "En un momento dado se puede combinar tanto con seda como con percal. Da mucho juego", explica. Junto al gros, los mantones isabelinos e imperio son otras de las opciones que, a su juicio, pueden ganar presencia durante estas fiestas.
En esa elección también interviene algo tan cotidiano como el tiempo. Gutiérrez recuerda que tradicionalmente el Pilar llegaba acompañado de temperaturas más frescas, mientras que en los últimos años el calor se ha dejado sentir con mayor intensidad en octubre. Pasar varias horas en la calle durante la Ofrenda o el Rosario hace que los tejidos menos pesados resulten también más cómodos.
DE LOS "MANTONAZOS" DE FLORES A LAS INDIANAS
Más allá del termómetro, Gutiérrez observa un cambio en la propia forma de entender la indumentaria. "Ha habido años que hemos visto en Zaragoza, en el Rosario o en la Ofrenda de Flores, mantonazos de flor grande, más vistosos", recuerda.
Ahora el abanico se abre hacia prendas diferentes. "Ya incluso no se ven tantos mantones de Manila y se empieza a ver más el tema de pañuelos tipo indianas, de algodón, las lanas y demás", señala.
Pero detrás de las tendencias de este Pilar hay un cambio que Gutiérrez considera especialmente significativo. Cada vez son más los jóvenes que se interesan por los trajes antiguos, investigan cómo se utilizaba cada prenda y recuperan piezas familiares o buscan ejemplares originales para construir sus conjuntos.
Esa mirada está haciendo que las calles recuperen poco a poco prendas y combinaciones más cercanas a las que verdaderamente se utilizaron. Los grandes mantones seguirán apareciendo en la Ofrenda, pero compartirán espacio con indianas, algodones, lanas y otras piezas que durante años quedaron en un segundo plano. "Poco a poco se está llegando a lo que fue en realidad", celebra Gutiérrez.