Martins señala que una de las claves estuvo en empezar por los más jóvenes. Durante la última década, Guimarães ha trabajado especialmente con las escuelas para introducir la conciencia ambiental entre niños y adolescentes.
Muchos de aquellos alumnos son ahora jóvenes adultos que, según el concejal, han crecido "imbuidos de una sensibilización muy propia hacia el medio ambiente". Esa semilla ha terminado extendiéndose al resto de generaciones. "El trabajo de sensibilización con los más jóvenes ha sido fundamental", asegura. Una estrategia paciente, de años, que ha permitido que la sostenibilidad dejara de ser una cuestión exclusiva del Ayuntamiento para convertirse en un asunto compartido por la ciudad.
UNA CIUDAD INDUSTRIAL QUE HA DESCONTAMINADO SUS RÍOS
Pero Guimarães también ha cambiado físicamente. Martins pone como ejemplo sus ríos, especialmente significativo en una ciudad con pasado industrial cuyos cursos de agua llegaron a estar muy contaminados.
La recuperación de la calidad del agua ha ido acompañada de actuaciones para hacer frente a otro de los problemas que deja el cambio climático: las lluvias torrenciales. La creación de balsas de retención y pequeñas presas permite acumular parte del agua cuando llegan las grandes tormentas y reducir el riesgo de inundaciones en el centro urbano. "Hemos hecho este trabajo también", explica Martins, que destaca además el papel del Laboratório da Paisagem, un organismo ligado al Ayuntamiento que investiga sobre medio ambiente y proporciona datos científicos y tecnológicos para que las decisiones municipales no se tomen a ciegas.
Es, en definitiva, la receta que Guimarães ofrece desde la experiencia de quien ya ha ganado: educación, continuidad política, participación ciudadana y decisiones apoyadas en datos. No ha sido un camino sin problemas, admite Martins, pero sí un rumbo que la ciudad considera correcto y que ahora quiere utilizar para proyectarse en Europa y en el mundo como una ciudad con calidad de vida. Mientras Zaragoza espera su turno para defender esta tarde su candidatura a Capital Verde Europea 2028, Guimarães muestra las huellas de un título que ya disfruta.