"Van un poco lentas. Llevan mucho tiempo, pero bueno, ya acaban", comenta un vecino que pasea por la zona. A su juicio, la intervención era necesaria desde hace años: "Esta calle ya era hora que llegara, que era muy mala. De aceras y de todo y ahora la han dejado muy bien". Una opinión que se repite entre quienes han visto cómo la calle ha ido cambiando poco a poco.
Marifé lo tiene claro: “Igual era la peor calle de toda Zaragoza y ahora ha quedado muy bien. A mí me gusta”. Incluso entre quienes todavía lidian con las incomodidades diarias, se percibe cierta comprensión. "Unos días tienes que pasar por un lado, otros días por otros, pero merecerá la pena", explica otra vecina mientras regresa de la compra sorteando el vallado.
PACIENCIA Y GANAS DE VER EL RESULTADO FINAL
Vicente pone voz a ese equilibrio entre cansancio y optimismo. "Nos tienen locos, pero por lo menos quedará bien cuando terminen", aseguraba. En su caso, las obras también afectan a la movilidad diaria. "Tengo vehículo particular y con restricciones, lógicamente", señala, aunque asume la situación con paciencia. "De momento, padeciendo y soportando, pero según nos dicen la van a dejar muy bonita", apunta.
Las molestias, inevitables en una intervención de esta envergadura, se ven compensadas por la transformación que ya empieza a intuirse. Fortu lo resume con una mirada más positiva: "Las obras van lentas porque no puede ir todo tan deprisa". Y añade: "La plaza ya está divina, cuando terminen las calles va a quedar de cine".
De hecho, el nuevo aspecto del entorno ya empieza a formar parte de la vida del barrio. "Con mis amigas ya decimos que quedamos en la plaza del quesito", bromea esta vecina, en referencia a la zona ajardinada renovada. Un detalle que refleja cómo, poco a poco, los vecinos van dejando atrás las molestias para centrarse en el resultado final de una calle que, tras años de reivindicaciones, coinciden, ha cambiado para mejor.