"Ha quedado muy bonita, no pensaba que iba a quedar así, pero ha sido mucho tiempo de polvo y ruido", resume Raquel, vecina del barrio. Y es que la satisfacción por el resultado final convive con el recuerdo reciente de una obra larga y molesta para quienes viven en primera línea.
Esa misma idea la comparte Lidia, residente en el edificio más próximo, que narra cómo ha sido el proceso. "Llevamos diez meses que ha sido horroroso. Todo lleno de polvo y ruido", cuenta. Aun así, reconoce que la apertura de la calle era una actuación esperada desde hace años. "Ya está hecha, ahora a disfrutarla", añade.
SATISFACCIÓN Y NECESIDAD DE CUIDADO
Más allá del resultado, entre los vecinos asoma una preocupación común sobre el uso del nuevo espacio. "Estamos contentas, pero no queremos que se convierta en un sitio de reunión y botellón, porque se llenará todo de suciedad", advertía Raquel. Pese a ello, también hay voluntad de cuidar el entorno. "Las vecinas lo cuidaremos. Saldremos a tomar la fresca y a disfrutarlo", asegura, reivindicando el carácter cotidiano y vecinal de la nueva calle.
Para otros residentes, el cambio es difícil de comparar con el pasado. "Antes no existía ni calle, esto era un terreno de las monjas", recuerda otro vecino. "Ha quedado muy bonita, vendré a pasear por aquí", continúa, reflejando la nueva vida que empieza a tomar este espacio.